KELYRA
El primer sonido que escuché fue el eco de mi respiración.
Después, el susurro del viento chocando contra los muros invisibles que me rodeaban.
El aire tenía un sabor extraño. A eternidad y encierro. A rosas muertas y metal oxidado. Abrí los ojos, lentamente, con la sensación de que algo en mí ya no me pertenecía.
La habitación era inmensa y luminosa… pero de una forma enferma. El suelo era de mármol blanco, tallado con runas antiguas que no reconocía, y las paredes... eran de cristal. D