La noche se había teñido de un silencio extraño. El jardín del castillo, iluminado apenas por la luz plateada de la luna, parecía un refugio apartado de todo lo que dolía. Entre las flores aún húmedas por el rocío, Lyanna se encontraba sentada en un banco de piedra, acariciando distraídamente las páginas de un libro que no leía. Su mente estaba lejos, demasiado lejos para concentrarse.
El crujido suave de unas botas sobre la grava la hizo alzar la mirada. Lucian estaba allí, como si la oscurida