El gran salón del castillo había sido preparado con una solemnidad que desbordaba elegancia. Los ventanales dejaban entrar la luz de la tarde, reflejándose en las lámparas de cristal y en los tapices bordados con símbolos antiguos de la realeza de los lobos. El aire estaba impregnado con aromas de flores frescas y especias, todo cuidadosamente dispuesto para recibir a las familias nobles que, bajo la invitación de Rhaziel, habían traído consigo a sus hijas en edad de desposarse.
Lyanna observa