Noctara respiraba con dificultad, como si cada aliento le costara arrancarlo de una prisión invisible. Thallia la sostenía del rostro, temblando, sin saber si debía moverla o no.
El Rey hablaba con una gravedad que no había usado jamás:
—Thallia. No toques la marca. No la presiones. No la intentes limpiar. Si la marcas con tu mana o con tu miedo, él podrá verla.
Thallia retiró la mano al instante.
La sombra que cubría el costado del cuerpo de Noctara parecía moverse. No era una mancha.
Era un s