El portón volvió a estremecerse.
Noctara no esperó a ver cuánto resistiría. Ajustó a Thallia contra su pecho, miró un instante hacia la muralla exterior y eligió el camino más absurdo: saltar.
—Noctara, ¡no! —gimió Thallia entre jadeos.
Pero Noctara ya había tomado la decisión. No había escaleras cerca, y los segundos eran más frágiles que huesos. Corrió los últimos tres pasos y se lanzó desde la altura de la estructura.
El mundo cayó con ellas.
El viento les abrió la ropa como un golpe invisib