El carruaje avanzaba lentamente por el sendero empedrado que conducía al corazón de Umbraeth, la capital del reino oscuro. Ante los ojos de Lyanna y Lady Aveline, se desplegaba una ciudad construida entre la sombra y la majestuosidad. Sus murallas negras, levantadas con piedra volcánica, parecían absorber la luz del sol agonizante. Las torres almenadas custodiaban cada puerta, y desde los balcones más altos ondeaban los estandartes de la familia real: el emblema plateado del dragón bicéfalo de