El carruaje atravesó los altos portones de hierro forjado del Castillo de las Sombras. El eco de los cascos resonó en el patio principal, donde guardias con armaduras negras aguardaban con severidad solemne. Dorian descendió primero, asegurando el terreno con la precisión de un soldado veterano. Luego tendió la mano a Lady Aveline y a Lyanna para que bajaran.
Lyanna apretaba su vestido con nerviosismo, sus ojos recorriendo con asombro la inmensidad de los muros oscuros. Lady Aveline, en cambio,