El viaje hacia Dravemont fue largo y pesado, pero Dorian avanzaba con la disciplina de un soldado real. Llevaba sobre su pecho el emblema del rey demonio y en sus manos el pergamino sellado con cera negra, prueba irrefutable de la autoridad de su señor. Su misión era clara: traer a Lady Aveline y a la joven sobreviviente Lyanna hasta Umbraeth, la capital del reino.
El aire del camino estaba impregnado de neblina y polvo. Dorian, acostumbrado a la guerra y al silencio de las campañas, no se perm