El estruendo de los cascos retumbaba contra el suelo empedrado, resonando como un presagio oscuro que se extendía por todo el reino. Los guardias de la entrada de la Academia de Señoritas de Veyra apenas tuvieron tiempo de organizarse cuando una escolta de jinetes apareció entre la bruma matinal. En el centro de aquella formación avanzaba un corcel negro, y sobre él, la imponente figura del rey Rhaziel D’Argonne.
El aire mismo parecía enrarecerse a su paso. Las aves guardaron silencio y las muc