El amanecer llegó con un silencio extraño, como si el mundo entero aguardara expectante. El cielo estaba teñido de tonos rojizos y dorados, y un aire cargado de presagio atravesaba los muros del Castillo de las Sombras.
Rhaziel no había dormido. Había permanecido toda la noche en vela, caminando por sus aposentos, enfrentando el peso de la decisión que estaba a punto de tomar. La voz de su lobo interior rugía en su mente, exigiendo reclamar lo que le pertenecía por derecho: a su pareja, a su re