El silencio de la noche era espeso, casi asfixiante. La luna llena bañaba con su resplandor plateado las torres del Castillo de las Sombras, y el murmullo lejano de los lobos aullando en los bosques parecía presagiar que algo estaba a punto de romperse. Risa caminaba por los pasillos de piedra con pasos apresurados, su corazón latiendo con violencia contra su pecho. La cena había terminado hacía horas, pero el aire estaba impregnado de nervios, de una tensión que no podía sacudirse.
Al entrar e