Elara miraba pensativa su copa de vino, mientras Phoenix, aturdida, procesaba toda la historia que la ex Gözde de Ulrich había contado. Elara depositó la copa sobre la mesa de centro y dijo, con un suspiro resignado.
“He esperado pacientemente,” empezó Elara, su voz cargada de amargura. “Mientras Ulrich me tomaba todos los días, todas las noches en el campamento. Y después, cuando volvimos a Goldhaven y él se adueñó de todo, se aseguró de poseerme en la cama de mis padres. Si cierro los ojos, t