Sucio.
Lucian arreglaba la casaca con dedos temblorosos, los ojos fijos en el suelo de piedra pulida de la sala del trono, como si allí pudiera encontrar alguna redención. Pero todo lo que veía reflejado era su propia sombra… y, con ella, el peso de lo que era. De lo que se había convertido.
Ajustó el cuello, estiró la tela de sus pantalones, intentó disimular la tensión en su mandíbula, pero no servía de nada. Nada borraba aquella sensación.
Sucio.
Esa era la palabra.
Así se sentía cada vez q