El salón del banquete estaba silencioso cuando Phoenix cruzó las puertas, con Alaric en brazos, acurrucado en su regazo como un pequeño brote de calor y vida. El niño dormía profundamente, su rostro sereno descansando contra el pecho de su madre. Lucian la seguía a su lado, con una expresión contenida, pero los ojos atentos. Arabella venía justo detrás, con pasos elegantes y una postura impecable como siempre, aunque sus ojos revelaban una tensión que intentaba disimular.
Los altos candelabros