Arabella caminaba por los pasillos de piedra pulida con pasos firmes, las suelas de sus zapatos casi silenciosas sobre las alfombras oscuras. Sus manos, que hasta hace poco habían estado atrapadas en el cuerpo de Lucian, ahora acomodaban con precisión el vestido carmesí, tirando del corsé hacia arriba y enderezando la línea del escote. Su expresión permanecía neutra, pero por dentro… por dentro, ella sonreía.
Una sonrisa venenosa, satisfecha, afloraba en sus pensamientos. Lucian siempre había s