Elysia Wentworth salió de sus aposentos con pasos firmes y decididos. Su vestido ondeaba a su alrededor, y la suave brisa que conjuraba para abrirse camino por el castillo solo reforzaba su aura de poder. La duquesa no era una mujer de rodeos, y cuando deseaba algo, iba tras ello con determinación.
Avanzó por los corredores de piedra del castillo, sus tacones resonando contra el suelo frío. Sirvientes y soldados inclinaban la cabeza en señal de respeto al verla pasar, pero Elysia no se detení