Phoenix respiró hondo, acomodándose con dificultad en la enorme cama de la habitación, que ahora se sentía más como una celda. El embarazo hacía que todo fuera más complicado, y cada movimiento requería esfuerzo. Con un suspiro pesado, pasó las manos por su vientre, sintiendo la presencia del hijo que crecía dentro de ella. Sus ojos azules estaban sombríos, reflejando el torbellino de emociones que la dominaban. El silencio de la habitación era denso, interrumpido solo por el suave crepitar de