Ulrich gemía con cada pedazo que ella tragaba. Se asombró al ver que ella había conseguido tragárselo todo y seguía pasándole la lengua por dentro. Tuvo que evitar correrse en ese momento...
Entonces ella empezó a torturarlo definitivamente. Le cubrió la piel con las manos entrelazadas e inició una deliciosa paja, turnándose con su boca caliente y babeante.
Desde donde estaba, Ulrich podía ver su culito respingón, sus pequeños pechos balanceándose al ritmo de sus manos. Quiso quitarse la c