La suave luz de la mañana invadía la habitación, filtrándose por las cortinas que se balanceaban ligeramente con la brisa, cuando Phoenix fue despertada por unos leves golpes en la puerta. Abrió los ojos lentamente, parpadeando varias veces para despejar el sueño. Sin prisa, se levantó de la cama, se ajustó el camisón de seda y caminó hacia la puerta con pasos ligeros. Al abrir una rendija, vio a Ulrich con la cabeza baja, las manos unidas frente al cuerpo como si estuviera pidiendo permiso par