Déjame tomar el control.
Ulrich bajó las escaleras del porche de la mansión, cada paso más pesado que el anterior, mientras masajeaba su cuello dolorido. El amanecer despuntaba en el horizonte, tiñendo el cielo con tonos suaves de naranja y rosa, pero la belleza de la escena no aliviaba la tensión que lo consumía. Suspiró, cansado, con los pensamientos aún atrapados en la noche mal dormida. Hacía tiempo que no dormía en el sofá, pero esa noche parecía la única opción sensata. Phoenix había dejado claro que ya no quería