Lo peor de un corazón roto no es el dolor. Es la confusión.
La forma en que una parte de ti grita que corras, mientras otra, más callada pero no menos poderosa, susurra que te quedes. Que aún hay algo que salvar.
Y yo… estoy en ese punto muerto. Entre la rabia que me enciende y la necesidad de volver a tocar su piel para recordarme que todavía estoy viva.
Después del encuentro con ese hombre —ese enemigo de Kael con ojos de hielo y sonrisa que prometía caos—, no he dormido más de dos horas segu