Despertar en su cama es un acto de contradicción constante. Sábanas suaves que me envuelven como un susurro, el aroma inconfundible de Kael impregnado en cada fibra, y ese calor que no pertenece al sol matutino, sino a su cuerpo al otro lado del colchón… aunque hoy no esté ahí.
Y, sin embargo, cada centímetro de mí se siente expuesto. Como si me hubiera quitado más que la ropa anoche. Como si hubiera dejado mi alma, abierta y temblorosa, sobre su pecho.
No hay rastro de él en la habitación, más