Noelia
El amanecer se filtraba por las cortinas de mi habitación, dibujando patrones dorados sobre las sábanas revueltas. Había pasado otra noche en vela, con la mente repleta de imágenes de Aidan. Sus ojos, sus manos, su voz... todo él parecía haberse instalado permanentemente en mi cabeza, como un inquilino que se niega a marcharse aunque el contrato haya expirado.
Me levanté y me acerqué a la ventana. El jardín trasero de mi casa conectaba con el bosque que, según había descubierto, pertenec