Aidan
El viento cambió de dirección y con él llegó un aroma que me erizó el vello de la nuca. Estaba en mi despacho revisando documentos cuando mi lobo interior se agitó violentamente, como si hubiera detectado una amenaza inminente. Me levanté de un salto, tirando la silla al suelo. Mis sentidos se agudizaron instantáneamente, enfocándose en una única dirección: Noelia.
Algo no estaba bien. Lo sentía en mis huesos, en mi sangre, en cada fibra de mi ser. Mi compañera estaba en peligro.
Cerré lo