Aidan
La luna creciente se alzaba sobre el bosque mientras yo recorría el perímetro de mi territorio. El aire frío de la noche llenaba mis pulmones, pero ni siquiera eso podía calmar el fuego que ardía en mi interior. Cada paso que daba, cada respiración que tomaba, todo me llevaba de vuelta a ella. A Noelia.
Los miembros de mi manada me seguían en silencio, sus miradas clavadas en mi espalda como dagas afiladas. Podía sentir su inquietud, su impaciencia. Para ellos, mi indecisión era una debil