El plan ya estaba en marcha. Todos se reunieron para ultimar los detalles, pero la culpa seguía invadiendo a Ian, no entendía por qué Emma se prestaba, y le preocupaba el hecho de que no tuviera ningún tipo de entretenimiento que la ayudara a defenderse en caso de requerirlo. Hasta la arpía lo tenía, no era posible que dejara que fuera así sin más.
El vestido rojo, ajustado al cuerpo de Emma, era una réplica perfecta del que Francesca había llevado durante la cena de compromiso. La peluca, la