Emma apagó la plancha , se alisó el uniforme, y acomodó el delantal doblado sobre la mesa de servicio y estiró los brazos como si pudiera sacudirse el día. El restaurante había estado insoportable. Parejas ricas, empresarios con sus amantes, turistas queriendo sentirse parte del mundo elegante por una noche… todos exigiendo atención, sonrisas, perfección.
Y ella la dio. Como siempre.
Aunque por dentro solo quería huir.
Desde que Ian había cruzado la puerta del local hacía cuatro noches, s