Encontrarla no fue fácil.
Durante días, Ian revisó cada rincón de la ciudad con una determinación silenciosa que parecía obsesiva incluso para sus estándares. Personalmente había hecho llamadas, y había acudido a sitios.
La casa estaba vacía desde su partida. Francesca había regresado como un huracán, barriendo todo a su paso, pero ni siquiera su presencia lograba calmar el desasosiego que se le había instalado en el pecho.
Emma ya no estaba. Y lo sabía. No solo porque sus cosas habían des