CAPITULO 8; CONFUSIONES

Alexander salió de la ducha dejando un rastro de vapor en el vestidor. Se tragó un par de pastillas con el agua que la empleada le había dejado sobre la cómoda y se quedó frente al espejo, inspeccionando el hematoma que coronaba su frente. El golpe tenía un tono violáceo que contrastaba con su expresión de pocos amigos.

En ese momento, la puerta se abrió sin previo aviso. Emma, su hermana menor, entró con esa energía caótica que siempre lograba sacarlo de sus casillas. Se detuvo en seco y soltó
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