Javier
Oí abrirse la puerta principal, pero no me levanté.
Estaba demasiado ocupado bebiendo. El coñac que había tomado con Raquel la noche en que nos conocimos me pareció una elección morbosamente apropiada. No me molesté en buscar un vaso; le di un trago directo a la botella.
El alcohol todavía me quemaba la garganta cuando mi hermana apareció en el umbral. Por primera vez en mucho tiempo, no había ni rastro de sonrisa en su rostro.
—Bueno, esto es exactamente tan patético como imaginaba —com