Raquel
A pesar de todas las sonrisas y aspavientos de Andrea, León no le dirigió la palabra en todo el trayecto del ascensor. Cuando llegamos a su puerta, nos aseguró que el piso ya había sido revisado y le dijo a Andrea que llamara si necesitaba cualquier cosa.
—¿Y qué hay de un masaje en la espalda? —le gritó ella cuando se marchaba.
León no respondió.
—Cero sentido del humor —refunfuñó.
Se puso a corretear por el piso, lanzando ropa sobre el respaldo de una silla y recogiendo el caos de cart