Javier
Le dije a Rooster en cuanto entré al cuarto trasero que estaba allí estrictamente por negocios. Pero el grandulón no quiso escucharlo.
—¡Te vas a casar! —exclamó, abriendo los brazos como si quisiera abrazar al mundo entero—. Hay que celebrarlo. ¡Legs, descorcha el champán!
—Ya está hecho —respondió una mujer alta y delgadísima, completamente opuesta a Rooster en todos los sentidos—. Cuando llamaste, puse la botella en hielo. Sabía que este blandengue querría brindar.
Rooster miró a su e