La noche había caído sobre el palacio como un manto de terciopelo negro. Mariana permanecía inmóvil en el balcón de su habitación, con la mirada perdida en el horizonte donde las estrellas parecían burlarse de ella. Las palabras de Khaled seguían resonando en su mente como un eco doloroso: "El destino nunca nos será favorable".
El viento del desierto agitaba su cabello mientras apretaba los puños contra la barandilla de mármol. ¿Cómo podía un simple roce de su mano en su mejilla haberla dejado t