70
El sol comenzaba a descender sobre el horizonte de Alzhar, tiñendo el cielo de tonalidades anaranjadas y púrpuras que se reflejaban en las ventanas del palacio. Mariana caminaba apresuradamente por los pasillos, con la respiración entrecortada y las mejillas húmedas. Las paredes ornamentadas que antes le parecían majestuosas ahora se cernían sobre ella como una jaula dorada. Cada paso resonaba contra el mármol pulido mientras se alejaba de la habitación donde había dejado a Khaled con su familia