El sol de Alzhar se filtraba a través de las cortinas de seda cuando Mariana abrió los ojos aquella mañana. Durante unos segundos, permaneció inmóvil, dejando que los recuerdos de la noche anterior inundaran su mente: la cena con Khaled, sus palabras, el roce de sus dedos sobre su mano. Un escalofrío recorrió su cuerpo. Había algo en la forma en que él la miraba que desafiaba toda lógica, toda barrera cultural que debería separarlos.
Se incorporó lentamente, observando su habitación en el palaci