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El Gran Salón del Palacio Real de Alzhar resplandecía como nunca antes. Cientos de lámparas de cristal colgaban del techo abovedado, proyectando destellos dorados sobre los mármoles pulidos y las columnas ornamentadas. Mariana observaba maravillada desde un rincón discreto, sintiendo que había entrado en un cuento de las mil y una noches. El baile diplomático anual era, según le habían explicado, uno de los eventos más importantes del calendario oficial, donde Alzhar mostraba su esplendor a dele