De regreso al hospital, siento que camino con algo atorado en el pecho. Entro a la habitación y los encuentro: Derek sentado al lado de la cama y Liam más animado de lo que esperaba.
Oigo cómo mi hermano le cuenta una de sus “hazañas” —esas historias medio inventadas que siempre logra convertir en aventuras heroicas— y Liam se ríe, sus ojitos azules brillando por primera vez desde que todo empezó. Es un alivio pequeño.
Cuando me ve entrar, Derek se pone en pie con rapidez.
—Lleva un rato despi