El doctor me lo deja claro: el tratamiento de Liam debe comenzar de inmediato. Cada minuto que pasa sin actuar es un riesgo que no puedo permitirme.
No duermo en toda la noche. Me quedo sentada al lado de la cama, sosteniendo su manita pequeña y mirando cómo el suero baja gota a gota. Afuera amanece, pero para mí todo sigue siendo oscuro.
Tomo el celular con dedos temblorosos y marco el número de Derek. Contesta medio dormido, pero apenas oye mi voz, se despierta del todo.
—¿Ava? ¿Qué ocurre? ¿