Capítulo 33: Desahogo
Entro al apartamento sin decir una sola palabra. Mis pies van directo a la habitación de mis hijos, como si conocieran el camino mejor que mi cabeza. No enciendo la luz; la puerta está entornada y desde ahí veo el resplandor suave de la lámpara que dejamos encendida cada noche para ella.
Me detengo en el umbral. Me apoyo en el marco con la frente, como si necesitara sostenerme de algo para no caer. Lia está dormida, con su respiración pausada, esa paz que solo los niños sa