ALMAS DESTINADAS - UN DEBER POR AMOR
El hospital estaba silencioso a esa hora de la mañana. Sarah caminaba por el pasillo con el café aún caliente entre las manos, avanzando hacia la habitación que ya conocía de memoria. Sus pasos eran firmes; sin embargo, en su interior albergaba una inquietud persistente que nunca se disipaba completamente.
Se detuvo frente a la puerta, respiró hondo y entró.
—Hola, mamá —dijo con suavidad.
Ximena estaba despierta, apoyada contra las almohadas, con el rostro