YAMILA KAYA
Aaron al fin llegó faltando cinco minutos para las once de la mañana, y cuando la puerta se abrió, no pude evitar sobresaltarme, o asustarme, sería más justo decir. Los nervios amenazaban con delatarme, y como no…
Aún el mal momento que había vivido con su hermano hacia razón de una hora, latía en mi cabeza, provocando una terrible jaqueca.
Tan diferentes que no pareciera que corría en la sangre de estos hombres alguna similitud sanguínea.
Andrés y Aaron no tenían nada en comú