YAMILA KAYÁ
Él se acercó y comenzó a besarme el cuello, encendiendo otra vez esa llama de pasión, que me hacía arder como una cerilla al viento.
Estábamos solos, y eso hacía que no hubiera reservas.
Se aferró a mis caderas, y me pegó a él haciendome su turgente ereccion sobre mi abdomen.
Creo que él sabía que me derretía las piernas cuando hacía eso. Solo sentirlo tan duro por el deseo que despertaba en él, y eso bastaba para que me sintiera la püta reina del mundo.
Yo antes de él no tenía