Pov Viktor
Al leer aquellas líneas sentí que una parte de mí caía en un pozo profundo, oscuro, sin fondo.
—¡Dios! ¿¡Realmente voy a ser padre!? —me pregunté a mí mismo, mientras luchaba por controlarme y no delatarme frente a Catalina.
Pero para ella nada pasaba desapercibido. Era más que lógico: los gestos de mi rostro me traicionaron sin piedad. Insistió en que habláramos, en que le dijera qué me ocurría, pero fui tan cobarde que me negué.
No supe qué decirle. Me quedé inmóvil, observando cómo se marchaba con su pequeña, sintiendo que algo dentro de mí se rompía con cada paso que daba. Yo me fui directo a mi auto, pero no fui capaz de conducir. Mi mente era un caos, un torbellino de pensamientos que no me dejaban respirar, y mi celular seguía sonando, insistente, como si quisiera recordarme que ya nada volvería a ser igual.
Llegué a mi apartamento cuando la noche ya había caído por completo. Cuando llegue, ella estaba ahí, de pie en medio del salón, con los brazos cruzados y los ojo