Pov Viktor
Al leer aquellas líneas sentí que una parte de mí caía en un pozo profundo, oscuro, sin fondo.
—¡Dios! ¿¡Realmente voy a ser padre!? —me pregunté a mí mismo, mientras luchaba por controlarme y no delatarme frente a Catalina.
Pero para ella nada pasaba desapercibido. Era más que lógico: los gestos de mi rostro me traicionaron sin piedad. Insistió en que habláramos, en que le dijera qué me ocurría, pero fui tan cobarde que me negué.
No supe qué decirle. Me quedé inmóvil, observando cóm