El silencio en mi apartamento era asfixiante, como si las paredes se cerraran sobre mí. Paula se había encerrado en la habitación de invitados, y yo me quedé en el sofá, mirando el techo como si allí encontrara respuestas. Pero no las había. Solo el eco de la voz de Catalina, quebrada, susurrando mi nombre. "Viktor...". Joder, esa palabra me perseguía. Me había ido de la mansión con Paula, pero mi mente se había quedado allí, con ella. Con mi madrastra. La palabra aún me revolvía el estómago, u