Pov Catalina
Por más que intenté alejar a Viktor, me fue imposible. Lo cierto es que provoca tanto en mí que, ante él, soy tan débil como una hoja de papel arrojada al mar.
Bastaron unos segundos para que mi humedad se hiciera presente en mis panties.
—Por favor, no digas que pare —me suplicó, mientras sus dedos continuaban jugueteando con mi timbre.
—Haz de mí lo que desees —dije entre jadeos.
El beso que continuo era hambriento, profundo, como si Viktor. Su lengua se enredó con la mía en una danza lenta y ardiente, mientras sus dedos seguían trazando círculos perfectos sobre mi clítoris, cada vez más rápido, más preciso. Sentí cómo mi cuerpo se arqueaba hacia él, buscando más contacto, más presión, más de él.
—Catalina… —susurró contra mi boca, su voz ronca, temblorosa de deseo—. Eres tan hermosa cuando te rindes así.
Sus palabras me derritieron por dentro. No era solo lujuria lo que veía en sus ojos oscuros; era adoración, una ternura que contrastaba con la intensidad de sus caric