Pov Catalina
Por más que intenté alejar a Viktor, me fue imposible. Lo cierto es que provoca tanto en mí que, ante él, soy tan débil como una hoja de papel arrojada al mar.
Bastaron unos segundos para que mi humedad se hiciera presente en mis panties.
—Por favor, no digas que pare —me suplicó, mientras sus dedos continuaban jugueteando con mi timbre.
—Haz de mí lo que desees —dije entre jadeos.
El beso que continuo era hambriento, profundo, como si Viktor. Su lengua se enredó con la mía en una