Los días siguientes avanzaron entre la armonía, y una nueva batalla, para catalina. Mientras que Larry, seguía confinado en su mansión con un brazalete electrónico, recibía visitas médicas regulares. Rumores decían que su cáncer remitía ligeramente con tratamiento, pero su aislamiento lo carcomía.
Catalina, estaba de nuevo en un tribunal, pero esta vez encararía a esa parte de ella que tanto le había costado borrar.
la tensión en la sala, palpable, en el centro, Dominic y su cómplice, un hombre fornido llamado Raúl, se sentaban encadenados al banquillo de los acusados. Dominic, con su cabello gris peinado hacia atrás y una cicatriz fresca en la mejilla, mantenía una expresión de arrogancia fría. Raúl, más nervioso, sudaba profusamente bajo su uniforme.
Catalina y Viktor ocupaban asientos en la primera fila, ella con la espalda recta, vestida con un traje negro que simbolizaba su resolución. Habían pasado meses desde el secuestro, pero las cicatrices internas aún latían en noches solit