Me costó calmar a Viktor, pero al final logré hacerle entender que lo mejor que podíamos hacer era ser inteligentes.
—Si queremos que tu papá vaya preso por los crímenes que ha estado cometiendo, no podemos ponerlo sobre aviso —dije, mirándolo fijamente—. Aunque creo que lo que le dije hace un momento lo movió un poco.
—Aún no puedo creer que lo hayas enfrentado y que él no te haya devuelto el golpe. Desde que tengo memoria, siempre se ha salido con la suya.
—Eso ya no importa. Más bien cuéntame, ¿cómo te sientes ahora que Paula decidió irse?
—Siendo sincero, y espero no sonar como el peor de los hombres, siento que ya puedo descansar. Amo a mi hijo y a ella la respeto como mujer, pero no debí casarme con ella. Fui tan estúpido.
Quise decirle algo, pero Viktor no me lo permitió. Sin pensarlo, se arrodilló frente a mí.
—Perdóname por haber sido tan estúpido. Te herí, te ataqué, y por un momento llegué a sentir compasión por mi padre. A pesar de que ha sido una m****a, me aferré a los po