Me costó calmar a Viktor, pero al final logré hacerle entender que lo mejor que podíamos hacer era ser inteligentes.
—Si queremos que tu papá vaya preso por los crímenes que ha estado cometiendo, no podemos ponerlo sobre aviso —dije, mirándolo fijamente—. Aunque creo que lo que le dije hace un momento lo movió un poco.
—Aún no puedo creer que lo hayas enfrentado y que él no te haya devuelto el golpe. Desde que tengo memoria, siempre se ha salido con la suya.
—Eso ya no importa. Más bien cuéntame