Han pasado dos semanas desde que fui sacada de aquel infiero; mi recuperación ha avanzado con calma, aunque aún sigo en el hospital por recomendaciones médicas. Ya puedo moverme con mayor libertad; los ataques de pánico no son tan recurrentes. Blanca y Sophie no han dejado de visitarme. Larry no se ha aparecido, y espero no verlo. El detective Estefano ha tomado mi caso con toda seriedad, así que no ha dejado de venir al hospital, para tomar mis declaraciones, y reunir cada detalle necesario para mantener a Dominic encerrado el mayor tiempo posible. Viktor también ha estado presente, aunque no de forma continua, y lo entiendo; no soy la única que lo necesita.
Me levanto de la camilla, tomo una ducha, me cambio y agarro mi cuaderno de anotaciones. He descubierto lo poderoso que es escribir los pensamientos a diario, poner en palabras lo que duele, lo que pesa, lo que no se atreve a salir en voz alta. Estoy tan perdida en lo que escribo que no me doy cuenta cuando alguien abre la puerta.