Rena contuvo la respiración.
Se quedó de pie a tres pasos de la puerta del trastero, con la espalda pegada a la fría pared de piedra, el corazón le latía con tanta fuerza que estaba segura de que podían oírlo a través de la madera. La marca en su brazo ardía, con ese calor que precede a que la luz intente penetrar su piel.
Presionó la palma de la mano sobre ella y la presionó con fuerza.
Las voces continuaron.
La voz de Alice fue la primera, baja y firme. «Te acercaste demasiado la última vez,