El desconocido cayó al suelo con fuerza.
Dos guardias lo arrojaron al centro del patio y aterrizó de rodillas en la tierra, con las manos atadas a la espalda y el pecho agitado. El patio quedó en silencio al instante; todas las conversaciones cesaron y todas las miradas se volvieron.
Rena permanecía inmóvil cerca del pozo.
El hombre alzó la cabeza y sus ojos azules atravesaron la multitud hasta encontrar su rostro. Como si le hubieran contado algo sobre ella.
Su cubo cayó al suelo.
—Regístrenlo